Yoga, mi energía vital

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Por María Xavier Gutiérrez

Sabías que el saludo en Yoga es Namasté? Tiene muchos significados, a mi me gusta este: “la belleza en mi, saluda a la belleza que hay en tí”….

Los lunes, miércoles y viernes asisto a yoga por las mañanas. Inicié hace como 9 meses, con Hata-Yoga dos veces por semana. Desde mi primer sesión supe que estaba en mi elemento! A pesar de que entonces yo pasaba por una fase de agotamiento extremo –que ya he contado antes-, recuerdo que mis músculos estaban tan fatigados que los estiramientos me dejaban sin aliento y hubo momentos en los que necesitaba desvanecerme, varias veces no tenía energías ni para conducir hasta el dojo.

A pesar de mi mal estado físico, yo seguía asistiendo a yoga porque sucedía algo extraordinario, al siguiente día amanecía sintiéndome mucho mejor. Era como tomar una pócima mágica que me volvía a la vida, me inyectaba energía!

El yoga es una práctica ancestral que nace en la India, sumamente espiritual e introspectiva. Hay enciclopedias enteras dedicadas a su origen y práctica, yo voy a contar solamente como me siento cada vez que realizo mi yoga.

Para empezar quiero decir que el yoga me hace feliz, porque es capaz de juntar a mis diferentes facetas en una sola, me conecta con mi yo interior, con mis sensaciones básicas, primarias, con mi cuerpo y mi mente. Vivo mi yoga como un esfuerzo individual, donde nadie me exige más de lo que puedo dar, donde mi cuerpo es el que me enseña mis límites y a la vez me propone metas.

He aplicado mucha de la filosofía del yoga a mi vida diaria, por ejemplo, Anita, mi instructora me recuerda que los movimientos deben tener una intención y un propósito, entonces cuando estoy en mis labores diarias y me disperso un poco recuerdo: intención y propósito, eso me centra de nuevo.

Cuando hago los ejercicios de equilibrio como “el árbol” o “la bailarina”, si tambaleo me permito volver a intentar, así no me desmoralizo cuando caigo en mis proyectos de vida. También practico la experimentación, ya que si modifico una posición representa un nuevo esfuerzo para el cuerpo, igualmente el humor que me permito al hacer posturas con nombres graciosos como “el niño feliz”, o al irme para atrás como un guacal cuando pierdo el equilibrio estando sentada.

Volver a intentar y experimentar me permite tomar riesgos con cautela, sabiendo que son solo eso, nuevas experiencias que asumo con buen humor, a veces riéndome de mí misma.

Me encanta saber que después de un gran esfuerzo siempre puedo volver a mi centro, lo que se llama “mi montaña”, que es la posición vertical de mi cuerpo, firme, centrada en mi respiración profunda, con las manos juntas en el pecho. Cuando estoy en mi montaña aprendo que después que la vida me sacude de una forma u otra puedo volver a mi misma en un momento de recogimiento para fortalecerme y volver a empezar.

Sobre las posturas aprendo que siempre se puede ir más allá, no hay posturas conclusivas, estas se adaptan a mi nivel de experiencia en yoga, de manera que en mi vida diaria puedo planificar mis metas de acuerdo a mi madurez, a mis recursos o posibilidades.

Me encanta que aprendo a escuchar mi cuerpo, me gusta la pregunta que hacemos al inicio de la clase ¿Cómo se siente mi cuerpo hoy? y luego, ¿cómo se siente después de una postura? Ha cambiado? ¿Está bien para seguir o necesito un descanso? Si voy a descansar me pongo en postura de “niño” o de “rezador”, las que dan un gran alivio.

Muchas veces hago yoga yo sola en casa, pero cuando lo hago en el dojo con el grupo, siento que reina un fuerte espíritu femenino, no porque sea exclusivo de mujeres sino porque los hombres –en Nicaragua- no son dados a estirar sus músculos y menos a conectarse consigo mismo, entonces cuando estamos en colectivo reina la paz, porque somos almas gemelas en busca de equilibrio físico y mental.

Los días que me pongo perezosa y no quiero hacer mi yoga, recuerdo lo bien que me ha hecho sentir, entonces salto de la cama, me pongo mis licras, cojo mi mat, me hago un té verde y salgo hacia mi clase en busca de esas cuotas de felicidad que me da el yoga. Vencer mi indisciplina hace que después me sienta como una heroína, una hecha a imagen y semejanza mía!

El Hata Yoga ha sido una fuente de energía vital y una inspiración. Namasté.

Significado de Namasté: http://es.wikipedia.org/wiki/Namaste
Dojo: lugar donde se practican artes marciales, se practica budismo, meditación etc.
Mat: Alfombra para hacer yoga y ejercicios de piso.

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