Comete una estrella

Por María Xavier Gutiérrez/ 7 Marzo, 2021

Carta de amor para Belén y toda su generación.

Hoy de noche no sabia dónde ir, entonces encontré un refugio acostada en la grama, viendo las estrellas moverse…. Aunque dice Copérnico que soy yo la que gira. De repente, allá van, alguien se va, alguien llega, alguien nunca regresará. Allá van arriba, montadas en el avión.

Son millones los ojitos brillantes que me ven, pero yo solo veo algunas, tan silenciosas ellas, tan distantes que parecen, pero en molote, siempre están en molote. ¿Cómo es eso me pregunto yo? Me quiero comer una para que nunca más me den mariposas en el estómago. Así le dije a mi hija Belén, en realidad se llama María Belén, pero a ella le gusta más usar su segundo nombre. Cuando cumplió quince años le recomendé que se coma una estrella si algún día algo le da miedo, como irse del país, iniciar un proyecto, terminar un ciclo, una relación, enfermarse etc. Comerse una estrella es bueno para cualquier cosa que nos de mariposas en la panza. Debería de haber envases con estrellas al lado de las vitaminas en la alacena de la cocina, y comernos sus polvos mezclados con leche o con agua para los veganos.

A veces pienso que yo también soy una estrella, pero caí en la Tierra, es que cuando era bien pequeña yo sentía que me absorbía el espacio sideral y que este era absolutamente gigante y que yo era ínfimamente pequeña, yo sentía que era parte de sus elementos -quizá fui una fugaz-, aunque a decir verdad me daba miedo el proceso de absorción porque no quería “desaparecer”.

Esa idea de que un día el universo se va a encoger hasta dejar de existir me deja la más grande de las preguntas: ¿Qué va a pasar con Dios? Supongo que Dios necesita un campo energético para existir, es la fuerza del balance -el balance es justicia-, entonces, ¿también desaparecerá Dios? Y con ello, todo lo que conocemos como vida sin posibilidad de volver a existir? Bueno, como los lapsos del universo se cuentan en miles de millones de años, supongo que ha de pasar buen rato para que suceda otro Big-Bang. “Voilá”, entonces la respuesta es que Dios entrará en fase de hibernación por ese tiempo hasta que corrija los errores de esta fase y decida que la vida regresa pero en versión mejorada, quizá solo vegetales y bacterias, en ese caso prefiero ser una alga marina.

Para mientras todo eso sucede sigo echada en la grama imaginando que me estoy comiendo una estrella caliente, últimamente me apetece comerlas, también imagino que comparto una de sus aristas con otras mujeres, es que las mujeres a veces necesitamos estrellas en la nutrición, no solo para agarrar valentía si no porque todas somos estrellas que caímos a la Tierra, comer estrellas nos fortalece los huesos y las agallas.

Belén ya sabe cómo lazar una estrella y absorberla, yo le enseñé, aunque creo que mi hija es mas aterrizada que yo, es un poco más terrícola, y eso es bueno, quizá sufra de menos mariposas en la panza que yo. A veces le digo que cuando yo vuelva a ser grande quiero ser como ella porque la admiro mucho. Me habla de cosas de la vida cotidiana por ejemplo me ha enseñado cómo se usa la copa menstrual, los shampoo en barras, emprendió un negocio y sabe defender a sus amigas, es de las que se pone la capa y vuela a auxiliarlas. Entre sus libros de lectura hay del espacio, de autoestima y de género, y yo me digo ¡vaya! yo supe de autoestima cerca de mis 40.

Me cuenta que entre sus amigas discuten con entusiasmo lo que aspiran a estudiar y que no se les pasa por la cabeza aún la maternidad, para bien o para mal, eso no es una prioridad. En 2020, antes que el COVID19 nos encerrara en casa, en su escuela ellas celebraron el día Internacional de la Mujer, se reunieron en el patio central y gritaron en alto los nombres de las mujeres asesinadas por femicidio en Nicaragua…Estrellas nombrando a otras estrellas.

Belén me da mucha esperanzas en el futuro de las mujeres y por consiguiente del planeta. Si su generación obtiene más espacios de incidencia ciudadana podrán corregir el rumbo de todo, la idea del balance y de la justicia puede estar en sus manos.

No se dejen muchachas de nadie, nosotras las escoltamos, somos las estrellas brujas, las sabias, tenemos las antorchas y la fe en ustedes. Cada generación ha arado un pedazo del camino en la historia, ustedes son poderosas porque antes hubo otras, además cuentan hoy con gran libertad de pensamiento y de acceso al mundo que antes no había, cuando las niñas eran criadas solo para ser esposas.  

Belén, a veces te va a dar miedo levantar la mano para cuestionar, a veces los criterios machistas te van a decir que no elijas matemáticas, a veces te va a costar ser escuchada entre las voces masculinas que gritan y resuenan, entonces, mira al cielo como yo lo hice esta noche, laza la estrella mas puntuda y absorbe su materia. A fin de cuentas vos y tus amigas también son estrellas.

Te amo. Mamá.

Notas

  • Ilustraciones por María Xavier Gutiérrez / Mujer Urbana

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