Buen Karma

Por María Xavier Gutiérrez / Enero 31, 2022

La primera vez que entré a ese salón abrí los ojos como platos absorbiendo la intensa luz que entraba por esos dos círculos de cristal. Luego supe que representaban las dos fosas nasales que en yoga y ayurveda llamamos ida y píngala y que son fundamentales para nivelar el prana, la energía del cuerpo.

Paredes color crudo, cemento, gris, verdes, piso de madera, rectángulos, puertas de vidrio, impregnado de incienso, donde cientos de veces hice, hicimos yoga, cantamos y meditamos, donde pude aprender y enseñar, revitalizarme y relajar, donde también conocí a tantas personas sabias, buscadores de paz y de la verdad. Ese era mi Buen Karma, mi studio de yoga en mi ciudad Managua, que abrió la Xime Gutiérrez, mi amiga de adolescencia, un ser de luz.

Este día el Buen Karma se transforma, cierra sus puertas pero también se esparce por la ciudad, reparte sus instalaciones y hasta los accesorios, se va como el polen, en pequeñas piezas, unitarias, cayendo por aquí, por allá, para sembrar nuevos comienzos y nuevas historias con otras vidas -quizá con las mismas-.

Los espacios son solo materia se dice a la ligera a veces, pero en realidad los espacios los hacemos las personas, sus paredes absorben nuestra energía y pueden vibrar alegres o pueden expresar emociones lúgubres. Buen karma era ligerito, fácil, se respiraba aire puro, era un espacio donde había libertad y respeto. Por eso siento que lo llevo adentro, y yo igual que cientos de sus practicantes vamos a llevar un trocito de ese universo donde vayamos, somos también como el polen, listas y listos para reproducir lo que ahí aprendimos.

Lo que hizo la Xime con Buen Karma fue bello, enteramente bello, redondamente bello, hacer que tantas personas conectáramos ahí dentro, girando alrededor de la salud, del balance, de la buena energía, del amor, sanando por dentro y por fuera, conversando de la trascendencia del espíritu y de cocos helados, de recetas veganas y de aves y ardillas.

Gracias Ximena, gracias a las y los instructores que ahí conocí, gracias a esa comunidad infinita que llevo en mi corazón. Love.

Lo que más extraño en esta era del Covid, es la experiencia de unión que por años cultivamos en Buen Karma.

Les dejo algunas fotos que tuve la oportunidad de tomar con mi cámara. La primeras son en un taller de Mysore, las segundas en clase de yoga para mamas y bebes. Yo estoy en la penúltima con la maestra Yogeswari Azahar y en la última con amados amigos.

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