El niño en la tarima con Juan Pablo II

Por María Xavier Gutiérrez

Los recuerdos son como esas impresiones de luz que quedan en un negativo fotográfico, de donde salen formas y figuras reconocibles, o quizá no tan reconocibles pero que nos dicen mucho de un evento. De hecho he sabido que en el cerebro almacenamos millones de imágenes y que cada una representa un abanico de emociones que cuenta una historia.

Dejo acá las memorias de un amigo que siendo niño estuvo sentado en la tarima con el Papa Juan Pablo II durante su primer visita a Nicaragua, aquel 4 de marzo de 1983, el día que se cometió un error histórico. Esta crónica se suma a las memorias subterráneas, las que se recuerdan en primera persona, las que a veces no se expresan o no se comprenden, esas ajenas a las oficiales, periodísticas, analizadas por los historiadores o politólogos.

El niño en la tarima con Juan Pablo II

En 1983, el 75 % de la población de Nicaragua era Católica.

PHOTO-2020-03-11-14-06-55Soy José Antonio Largaespada y tengo 48 años. A mis 12 vería por primera vez a un Papa. Yo estudiaba en un colegio católico-Jesuita, mis padres y toda mi familia eran católicos, obedientes a la iglesia y sus tradiciones, ese era mi entorno.

En la Nicaragua de 1983, igual que hoy en día, todo se basaba en las relaciones sociales, a quien conoces y en las influencias. A mis 12 años yo aún era considerado un niño, cursaba 5to grado de escuela primaria y pertenecía a la Asociación de Niños Sandinistas A.N.S.

Un amigo de la familia tuvo la tarea de escoger a los niños que estarían en la comitiva de bienvenida del Santo Padre. Estaríamos desde el recibimiento en el aeropuerto hasta la despedida. Juan Pablo II llegaría a Nicaragua solo por 12 horas, tendría un almuerzo privado con los miembros de la jerarquía eclesiástica; una entrevista con el gobierno; dos misas: una en la Catedral Metropolitana de León (la segunda ciudad colonial del país) y la otra en la capital Managua. Esta sería en la plaza 19 de Julio, donde se esperaban más de 500,000 personas. Toda la logística estaba a cargo del gobierno Sandinista y su líder era Daniel Ortega.

En Managua la misa sería en la tarde. Ya para el medio día la plaza estaba llena de gente que había llegado desde todos los rincones para escuchar y recibir la bendición del Papa en persona. Era algo emocionante, la adrenalina, la excitación de un momento histórico. Había una expectativa enorme y mucha incertidumbre sobre lo que sucedería entre la Iglesia – Gobierno, entre el Jesús de los pobres y el Jesús de la burguesía contrarrevolucionaria. Por mi parte, yo sabía que el Papa era el máximo representante de nuestra iglesia en la tierra y era un honor saber que lo conocería en persona.

Ese 4 de Marzo nos llegaron a recoger a mi casa a las 7 de la mañana. Íbamos mi vecina Marisol Luna de 13 años, que estudiaba en un Colegio de Padres Franciscanos, mi prima Mireya Mejia de 10 años que estudiaba en el Teresiano y yo de 12 años que estudiaba en el Centro América. En total éramos 12 niños, pero solo 3 veníamos de colegios católicos. Yo me sentía feliz. Mi madre se había ido desde la madrugada a rezar el rosario y a tratar de tomar un lugar adelante en la plaza.

El ambiente era positivo y alegre, había banderas azul y blanco por todos lados junto con la bandera amarilla y blanco de la Iglesia. Las calles limpias, banderines y rótulos de bienvenida que fueron hechos con mantas por las parroquias de Managua, pero junto a esos pequeños rótulos, también había otros enormes hechos por el gobierno Sandinista, con la cara de los héroes, con grandes letras exigiendo la paz, donde resaltaban los logros de la Revolución y donde la bandera rojo y negra estaba al lado de la bandera Nacional azul y blanco. Se leían consignas revolucionaras por todos lados y se veía al ejército en las principales calles del país.

Nos llevaron al centro de convenciones, no al aeropuerto. A última hora solo seis niños fueron al aeropuerto –escogidos directamente por otra persona–. Bueno no importaba, de todas formas almorzaríamos con el Papa y estaríamos en la gran misa. A esa edad no te explican mucho de la logística, del protocolo o de lo que debes hacer o esperar de ese momento. Nosotros estábamos ahí para representar a la niñez nicaragüense.

Como a las 9 de la mañana nos empezaron a dar las reglas. Nuestras edades eran: el menor creo que de 6 años y el mayor de 14. Ya para ese momento se nos habían unido al grupo como 4 niños más y algunas personas en sillas de rueda que eran soldados que habían perdido sus piernas en la guerra.

Recuerdo que nos dijeron que no podíamos tocar al Papa ni besar su anillo (algo que yo quería hacer), porque eso era demostrarle al imperialismo que éramos sumisos. Yo me recuerdo bien de esas palabras: “Al viejo burgués ese no lo toquen, él solo es un símbolo de opresión de los imperialistas“. A pesar de todo yo seguía pensando: soy católico y este señor es el Papa.

Como a las 11 lo vimos llegar, estaba rojito en la cara, era un señor blanco, normal, cachetón, bien rojito, con un traje blanco. Paso al lado de nosotros pero le impidieron que se nos acercara. Como a las 12 nos llevaron al comedor y ahí estaba él sentado con los obispos y algunos comandantes sandinistas. Nos dejaron acercanos un poco pero no lo podíamos tocar. Recordé que teníamos prohibido besarle el anillo. Él nos lanzó una bendición, yo me persigné. Luego se acercó un cura italiano que nos dio un rosario en una cajita muy linda con una inscripción en latín. El rosario era bendecido por el Papa directamente. Seguimos almorzando y él se fue. Se montó en un helicóptero y lo llevaron a León.

1532095563_875303_1532096154_noticia_normal-2
El Papa Juan Pablo II llamando la atención al padre y poeta Ernesto Cardenal

Llegó la tarde. Como a las 4 pm nos trasladaron a la plaza. Estaríamos en la tarima al lado izquierdo del sumo pontífice, era emocionante. La plaza se miraba repleta. Nosotros estábamos en altura, así que podíamos ver toda la plaza y a toda la gente. También veíamos las banderas, había montones rojo y negro. Había gente adelante con alta voces diciendo consignas revolucionarias mientras el ejército contenía a la multitud para que no estuvieran muy cerca de la tarima.

Llegaron todos los comandantes de la junta de gobierno, recuerdo a Tomas Borge y a Daniel Ortega. Empezaron a llegar los sacerdotes invitados, cuerpo diplomático, monjas y los músicos que tocarían en la misa. Junto a nosotros estaban algunos encargados de decir qué debíamos hacer y muchos miembros de la Juventud Sandinista (J.S.).

Algunos de la J.S. nos empezaron a decir que el Papa era un mal hombre, opresor, amigo de la burguesía y que llegaría vestido con una capa de oro, habiendo tanta miseria en el mundo, que Nicaragua ya no era Católica y que no debíamos repetir nada de la misa, o mejor dicho no cantar nada de la iglesia. Yo me quede pensando: pero si yo soy católico, ¿por qué no hacer lo que siempre hacemos en el colegio? Dentro de mí había esa enseñanza religiosa, mis costumbres, mi Fe, pero sobre todo mi educación cristiana. Hablé con mi vecina y mi prima y decidimos que nosotros sí íbamos a participar en la misa, al fin al cabo yo no estaba ahí obligado, estaba porque era un honor para mí estar junto al Papa, nuestro guía espiritual.

Empezó la misa, el santo Padre llego con su capa dorada, brillaba, el sol y las luces lo hacían ver como si fuera de oro. A los 12 años uno cree que es de oro. Pero la tarde empezó a caer y con ella llegó una de las noches más oscuras y vergonzosas en la historia de mi país. Se rompió la educación, se olvidó el protocolo, se acabó la decencia.

unnamed

 

papa-juan-pablo-ii-nicaragua

Las turbas sandinistas empezaron a lanzar consignas revolucionarias, a gritar mil cosas a los sacerdotes. El Papa empezó la misa y fue interrumpido muchas veces, nadie del gobierno pidió calma o que se respetara la misa. Las turbas empezaron a gritar “queremos la paz, queremos la paz”. Entonces el Papa tomó el micrófono y pidió un poco de silencio para poder hablar. En los altas voces de la plaza se empezó a escuchar “dirección nacional: ordene, dirección nacional ordene“, que era una consigna muy conocida en los actos del gobierno..

Ellos empezaron a mover los brazos en forma de poder y seguían interrumpiendo la misa. El coro decidió empezar a cantar una canción de la Iglesia. En cosa de minutos el ejercito que estaba haciendo una barrera humana de protección se desapareció, y derrepente se acercaron a la tarima miles de miembros de los Comité de Defensa Sandinista (CDS), de la J.S. y personas que gritaban fanáticas consignas de la revolución. Todo fue muy rápido. Recuerdo ver a la seguridad personal del Papa sacarlo de la tarima. La gente con pancartas del FSLN empezó a golpear a la gente del coro. Nosotros estábamos unos 10 metros más arriba, en eso el encargado de nosotros me tomó de la mano junto con mi vecina y prima y nos fuimos del lugar por atrás a un carro.

Salimos rápido del lugar, yo no sabía nada más, estábamos asustados. La noche ya era Sandinista y a misa del Papa había sido suspendida. Nicaragua le había demostrado al mundo entero que empezaba la nueva etapa socialista y que la Iglesia y sus feligreses no valían nada.

Nosotros llegamos a casa como a las 8 de la noche, luego llegó mi madre asustada, que había ido desde la madrugada con todos los miembros de la parroquia. Creo que los adultos platicaban de lo que había sucedido, pero en cierta forma todos tenían pena ajena, ante el Papa, ante el mundo y ante ellos mismos.

Ese 4 de marzo de 1983 fue la noche más oscura de la historia de un pueblo cristiano. Más de 37 años después mi patria es otra vez gobernada por Daniel Ortega, el tirano y traidor, y por un grupo de gente sin escrúpulos. Nicaragua sigue a oscuras porque la luz del amor aún no llega. Ojalá pronto exista un amanecer de paz, verdad, igualdad y respeto.

Nicaragua sigue siendo Católica. Juan Pablo II regresó en 1996, pero esa vez la misa fue en la tarde, en una plaza llena de luz y frente a un pueblo lleno de esperanzas. Violeta Barrios de Chamorro era la presidenta.

Que nuestro Dios y la historia nos perdone, pero recordemos siempre que el fanatismo ideológico destruye, separa y llena de falsas esperanzas a los pueblos.

CONTEXTO DEL PAÍS / Por Jose Antonio Largaespada

Todo el pueblo se preparaba para la visita del Santo Padre. Era la primera vez que un Papa de la Iglesia Católica visitaría nuestro país. Nicaragua vivía una guerra civil mientras aún se acomodaba a una Revolución que se respiraba por las calles. Había una mezcla de confusión y nuevos ideales. Empezaba a sentirse la escasez de productos básicos, una crisis económica donde la moneda se devaluaba cada día.

Cuando anuncian la visita de Juan Pablo II muchas personas vieron una luz de esperanza para encontrar la paz. En ese momento la Iglesia tenía un profundo conflicto con los nuevos gobernantes porque estos quería eliminar su influencia en el país… Entonces, la visita de Juan Pablo II sería un show para demostrar al mundo que ellos eran tolerantes y que Nicaragua estaba unida.

EXTRAS

MUCHOS SUCESOS OCURRIERON EN ESTE EVENTO, PUEDEN PROFUNDIZARSE EN LOS SIGUIENTES LINKS.

ARTICULO DE EL PAIS: El día en que el Papa se enfrentó a los sandinistas

TV SHOW VIDAS Y CONFESIONES QUE RESUME LAS DOS VISITAS DEL PAPA

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: